*LEER DESPUÉS DE PEQUEÑOS OLVIDOS.
Cayó
Desde el dintel sobre el cual descansaba todo se veía monstruoso, húmedo, la realidad era un infierno acuoso. No pensaba nada, ella no acostumbra pensar, sólo miraba y las cosas se le aparecían, como imágenes borrosas, como cuando todo se mira a través de una barrera líquida.
Debajo, tras la ventana dos hombres conversaban acerca de la persistencia del espíritu, uno de ellos aseguraba que todos volveríamos al mar cósmico, el otro lo llamaba pendejo, aseguraba que el ser humano es cíclico, como el agua, como todo en la naturaleza, que nace y sufre su ciclo, luego muere y se transforma en tierra, en parte del mundo y los gusanos se lo tragan y luego un pollo se come a un gusano y luego – Vete por un pollito rostizado que ya se me antojó pinche pelón-
Ella no ponía atención a conversaciones de aquel tipo, de hecho, ella no ponía atención a ninguna conversación, comenzaba a resbalar y no tenía miedo, no se daba cuenta de nada, ni de la lluvia, ni de que no estaba sola…
Cayó. Abajo un hombre con la cabeza rasurada se abriga en su gabardina para ir en busca de un pollo rostizado, pisa un charco y desprende de su mar cósmico a un centenar de gotas, entre ellas a nuestra protagonista.
Desde el dintel sobre el cual descansaba todo se veía monstruoso, húmedo, la realidad era un infierno acuoso. No pensaba nada, ella no acostumbra pensar, sólo miraba y las cosas se le aparecían, como imágenes borrosas, como cuando todo se mira a través de una barrera líquida.
Debajo, tras la ventana dos hombres conversaban acerca de la persistencia del espíritu, uno de ellos aseguraba que todos volveríamos al mar cósmico, el otro lo llamaba pendejo, aseguraba que el ser humano es cíclico, como el agua, como todo en la naturaleza, que nace y sufre su ciclo, luego muere y se transforma en tierra, en parte del mundo y los gusanos se lo tragan y luego un pollo se come a un gusano y luego – Vete por un pollito rostizado que ya se me antojó pinche pelón-
Ella no ponía atención a conversaciones de aquel tipo, de hecho, ella no ponía atención a ninguna conversación, comenzaba a resbalar y no tenía miedo, no se daba cuenta de nada, ni de la lluvia, ni de que no estaba sola…
Cayó. Abajo un hombre con la cabeza rasurada se abriga en su gabardina para ir en busca de un pollo rostizado, pisa un charco y desprende de su mar cósmico a un centenar de gotas, entre ellas a nuestra protagonista.
José Agustín Solórzano

Narrativa
Cuentos



2 comentarios:
Me gusta ese toque de urbanidad y simplicidad, la figurita del pollito rostizado (me hizo salivar reconozco) le da un toque de ciudad, toque que en muchas ocasiones el escritor pierde por divagar en los mares cosmicos!!, es una excelente mezcla, un gin&tonic explendido la ginebra es la metafora y el agua tonica un pollito rostizado Valga la analogía!! Bien muy bien señor agustín con ese toque de genialidad asemeja a su "tocayo" de perfil y otros Pollos...
Puess ya te dije qué opino jaja
que fué producto de un peyotazo combinado con polvo cósmico blanco XD besos niño
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