*LEASE EL TEXTO SIGUIENTE (RETRATO DE UNA REALIDAD INEXISTENTE ENMARCADA CON LLUVIA) CON ANTERIORIDAD.
Recuerdo que no era de una marca conocida, que la mañana siguiente nadie se acordaba de mí, ni yo de nadie, en la casa había un hermetismo total a lo que se refería a la noche pasada. Recuerdo que mi vaso no era de vidrio, y sé que yo detesto beber sin hielos, pero no recuerdo muchas cosas, sé que no se llamaba Laura por que la recordaría, pero no había nadie aquella tarde cuando abrí los ojos que pudiera explicarme.
Así que abrí la puerta más cercana mientras me acomodaba el peinado, afuera unas voces se oían bajito, eran dos mujeres y un hombre, la primera en verme no hizo más que reventarme con un gesto de desconcierto la poca confianza que me quedaba, bebían café en unas tazas grandes y humeantes y no fue hasta que el hombre se atrevió a hablarme que una de ellas sorbió un poco de la suya – Bienvenido a tu casa, amigo, no es que me moleste que estés aquí, pero si me gustaría saber cómo llegaste y si es posible cuál es el motivo de tu visita- las dos mujeres me miraban de arriba abajo, esperando, imagino, una respuesta de mi parte, naturalmente no tenía ni la menor idea de lo que pudiera ser una respuesta factible a tan inhumana pregunta, tomando en cuenta mi estado físico – Estoy crudo- atiné a decir – Siéntate y prueba un poco de café, la cocinera no tardará mucho en traer el almuerzo, mientras tanto podrías platicarnos algo sobre ti- terminó el hombre- Me llamo Adrián- Yo… - quise decir mi nombre pero de pronto me di cuenta que también lo había olvidado- … Yo quisiera saber qué ocurrió ayer por acá- una de las mujeres se levantó alterada de la mesa y se puso a mirar por la única ventana de la habitación, entonces noté que afuera llovía. - ¿Cómo se llama ella?- pregunté al hombre mientras me servía algo de café en una taza vacía que estaba en uno de los cuatro lados de la mesa cuadrada, en la que yo ocupé el sitio sobrante – Deberías saberlo amigo, dormiste en su habitación, todos te vimos salir de ahí- Entonces dime tú, que ella te diga qué hacía yo en su habitación- Lo siento, ella no habla, aunque quisiera no podría decírmelo- Podría escribirlo- No, en esta casa está prohibido escribir cualquier cosa, por la pureza del lenguaje, ¿Entendés che?- ¿Por qué se enojó, qué le molestó? ahora mira a la ventana pero hace un momento me pareció ver que le molestaba un tanto la pregunta qué hice- No es eso pibe, la mujer está enferma, eso es todo, de mañana no soporta las conversaciones largas, le ocasionan sordera temporal-
… entendés…
Recuerdo que estaba buenísima, que no era de marca conocida, sé que fume mucho, o algo muy fuerte, recuerdo el olor de una axila afeitada, unos calzones de corazón, un hombre que me hablaba de pronto con acento argentino, pero no recuerdo más.
La cocinera se acercó, era una tipa alta, rubia y con tetas operadas, en la mesa no había nadie, dos tazas vacías y una llena justo enfrente de mí, me dio un plato con chilaquiles- Come- dijo, y se quedo mirando fijamente mi cara, hasta que yo comencé a masticar, la verdad era que tenía mucha hambre, ella volvió a hablar – Ya le he dicho una y mil veces que la lluvia terminará alguna vez, que esto no es para siempre, pero él sigue buscando entre sus viejas revistas esotéricas una respuesta para este extraño diluvio, desde que consiguió aquella mesita de noche, no le aguanto, siempre tiene ese cajón lleno de revistas y de unas fotos que conserva fervientemente aunque no se ve en ellas más que un fondo de color blanco, me he cansado de decirle que está loco, que ya no se rasure la cabeza, qué interés el suyo por estar pelón- yo no había acabado de masticar el tercer bocado, cuando la tipa tetona me arrebató el plato y salió con él rumbo a la cocina.
¿Cuál pinche cocina pues mi Joaca? No que no conocías aquella casa, cómo sabes que ahí había una cocina y no un cementerio, o un jardín edénico- Le decía el pinche pelón metafísico cuando entraron por él los enfermeros y se lo llevaron cantando una canción que al viejo Joaquín le gustaba escuchar mientras le daban su tratamiento siquiátrico.
Recuerdo que había una ventana y llovía, y una mujer padecía sordera temporal por que un grillo vivía en su cerebro desde hace tres años… pero esa ya es otra historia.
José Agustín Aguilar Solórzano.
Así que abrí la puerta más cercana mientras me acomodaba el peinado, afuera unas voces se oían bajito, eran dos mujeres y un hombre, la primera en verme no hizo más que reventarme con un gesto de desconcierto la poca confianza que me quedaba, bebían café en unas tazas grandes y humeantes y no fue hasta que el hombre se atrevió a hablarme que una de ellas sorbió un poco de la suya – Bienvenido a tu casa, amigo, no es que me moleste que estés aquí, pero si me gustaría saber cómo llegaste y si es posible cuál es el motivo de tu visita- las dos mujeres me miraban de arriba abajo, esperando, imagino, una respuesta de mi parte, naturalmente no tenía ni la menor idea de lo que pudiera ser una respuesta factible a tan inhumana pregunta, tomando en cuenta mi estado físico – Estoy crudo- atiné a decir – Siéntate y prueba un poco de café, la cocinera no tardará mucho en traer el almuerzo, mientras tanto podrías platicarnos algo sobre ti- terminó el hombre- Me llamo Adrián- Yo… - quise decir mi nombre pero de pronto me di cuenta que también lo había olvidado- … Yo quisiera saber qué ocurrió ayer por acá- una de las mujeres se levantó alterada de la mesa y se puso a mirar por la única ventana de la habitación, entonces noté que afuera llovía. - ¿Cómo se llama ella?- pregunté al hombre mientras me servía algo de café en una taza vacía que estaba en uno de los cuatro lados de la mesa cuadrada, en la que yo ocupé el sitio sobrante – Deberías saberlo amigo, dormiste en su habitación, todos te vimos salir de ahí- Entonces dime tú, que ella te diga qué hacía yo en su habitación- Lo siento, ella no habla, aunque quisiera no podría decírmelo- Podría escribirlo- No, en esta casa está prohibido escribir cualquier cosa, por la pureza del lenguaje, ¿Entendés che?- ¿Por qué se enojó, qué le molestó? ahora mira a la ventana pero hace un momento me pareció ver que le molestaba un tanto la pregunta qué hice- No es eso pibe, la mujer está enferma, eso es todo, de mañana no soporta las conversaciones largas, le ocasionan sordera temporal-
… entendés…
Recuerdo que estaba buenísima, que no era de marca conocida, sé que fume mucho, o algo muy fuerte, recuerdo el olor de una axila afeitada, unos calzones de corazón, un hombre que me hablaba de pronto con acento argentino, pero no recuerdo más.
La cocinera se acercó, era una tipa alta, rubia y con tetas operadas, en la mesa no había nadie, dos tazas vacías y una llena justo enfrente de mí, me dio un plato con chilaquiles- Come- dijo, y se quedo mirando fijamente mi cara, hasta que yo comencé a masticar, la verdad era que tenía mucha hambre, ella volvió a hablar – Ya le he dicho una y mil veces que la lluvia terminará alguna vez, que esto no es para siempre, pero él sigue buscando entre sus viejas revistas esotéricas una respuesta para este extraño diluvio, desde que consiguió aquella mesita de noche, no le aguanto, siempre tiene ese cajón lleno de revistas y de unas fotos que conserva fervientemente aunque no se ve en ellas más que un fondo de color blanco, me he cansado de decirle que está loco, que ya no se rasure la cabeza, qué interés el suyo por estar pelón- yo no había acabado de masticar el tercer bocado, cuando la tipa tetona me arrebató el plato y salió con él rumbo a la cocina.
¿Cuál pinche cocina pues mi Joaca? No que no conocías aquella casa, cómo sabes que ahí había una cocina y no un cementerio, o un jardín edénico- Le decía el pinche pelón metafísico cuando entraron por él los enfermeros y se lo llevaron cantando una canción que al viejo Joaquín le gustaba escuchar mientras le daban su tratamiento siquiátrico.
Recuerdo que había una ventana y llovía, y una mujer padecía sordera temporal por que un grillo vivía en su cerebro desde hace tres años… pero esa ya es otra historia.
José Agustín Aguilar Solórzano.
Tags de Blogalaxia






1 comentarios:
De desayunos extraños, me gusta como retrata una escena que parece estar y desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, la figura de la cocinera creo que es necesaria como una "mediadora" entre el hombre las chicas y el personaje, de esas ocasiones donde no es necesario decir nada más y sorber algo de café para hacer frente a la resaca como siempre interesante su narrativa, disfruto en demasia de los detalles necesarios, incoherentes y con cierto toque bukowskiano, TETAS OPERADAS!!... SEÑORES !!! BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!!!
Publicar un comentario en la entrada